Victoria. Capítulo 1
7:30 a.m. aquello era lo que ponía en el despertador del escritorio, lo primero que pudo ver Victoria tras abrir los ojos suavemente y entrecerrarlos unas cuantas veces más. Se levantó, tirando la almohada al suelo y cogiendo la sábana oscura preparó la cama, se acercó al armario, sacando un palabra de honor negro, y unos pantalones largos del mismo color anchos y sacó los botines junto a unos calcetines. Tras los cinco minutos en los que tardó en vestirse, dobló el “pijama” y lo guardó debajo de la almohada ya en su sitio, agarró con la mano derecha la mochila preparada el día anterior, y se encaminó a bajar las escaleras de mármol que daban al salón, donde estaba su madre, de 34 años nada más, que se empleaba en recoger su desayuno y prepararse para irse.
Ni una sola despedida, desde hacía ya muchos años que su madre trabajaba fuera y tenía que salir temprano, ciertamente desde entonces el trato entre ambas había disminuido. Se sentó a desayunar, tomando un vaso de leche fría y una tostada con mermelada de melocotón. Buscó con la mirada el reloj analógico y simple que decoraba una de las paredes del salón junto con un cuadro realmente hortera para el gusto de Victoria, todavía eran menos cuarto, a pesar de todo, se fue hasta el aseo, agarrando con la diestra el cepillo del pelo, mientras la larga cabellera caía sobre su espalda a medida que se quitaba la gomilla y se empleó en peinarse. Seguidamente se lavó la cara con un poco de agua, y finalmente, se lavó los dientes. Como la noche anterior, se observó en el espejo, mientras se pintaba la raya de los ojos, lo único que se pintaba realmente.
Salió del aseo, y subió las escaleras con tranquilidad, hasta llegar de nuevo a su habitación, cogiendo rápidamente los mitones de rejillas y el mp3, realmente eso último puede que fuera uno de esos objetos materiales de los que no acostumbraba a separarse.
Se sentó en la cocina, mirando la farola que la noche anterior, como todas había iluminado su habitación, observando a las personas que caminaban por la esquina y se dirigían a sus respectivos puestos de trabajo o a sus institutos. Ya eran las ocho y cinco, se encaminó a por su mochila, la verdad es que sabía que nadie la esperaba allí, sólo iba por las clases, a sus catorce años, ya en el segundo ciclo del instituto, no tenía ningún amigo decente, de hecho, la trataban fatal, la consideraban una simple chica rara de entre todas las que podía haber en Galicia, que se encontraba en sus institutos.
Cerró la puerta de la casa con llave, mientras caminaba por las diversas calles, con uno de los cascos del reproductor de música en el oído derecho, hasta llegar a la entrada principal del centro escolar, como no, las miradas amenazadoras de los demás adolescentes , intentando intimidarla, buscando algo con lo que reprocharla o insultarla, algo a lo que realmente estaba acostumbrada, caminó por la entrada, cantando una canción de Metallica tranquilamente, concretamente escuchaba Master Of Puppets, aún oyendo aquellos insultos, realmente le dolía, pero no iba a llorar delante de ellos, tenía la sensación de que unas cadenas le oprimían el corazón cada vez que ocurría aquella situación, un nudo que se atascaba en su garganta, unas lágrimas que luchaban por escapar en forma de río, pero sabía que si lo hacía seguramente sería peor.
Entró y subió las escaleras directamente, tarareando la música, lo único que podría animarle en ese instante, hasta llegar a la segunda planta, y se acercó hasta la puerta de su clase, entró, y observó la tranquilidad que había, ni un solo alumno más, normal, era aún temprano, las chicas de su clase ahora presumirían en la entrada de que sus nuevos novios tenían moto, mientras que los chicos irían por ahí tirándole los tejos a cualquier chica del instituto.
Suspiró mientras buscaba su sitio, realmente era fácil de reconocer, en su mesa estaban pintada con edding diversas palabras, no hacía falta preguntarse quién o quiénes fueran los culpables, eso no iba a arreglarlo, aquellas palabras residieron allí dos días después de empezar el curso, hace tan sólo dos semanas. Puta, rara, gótica entre otras palabras residían en su mesa y con una ortografía penosa. Se quitó el mp3 y lo guardó en el bolsillo con cremallera, ella no era como todas aquellas adolescentes de su edad que suspiraban por cualquier chico que estuviese bueno, o que dedicaban su vida a cantar flamenco o a ser unas pijas que confiaban en que su primer amor sería para toda la vida, escuchando canciones de pop, lo que ahora estaba a la moda, y que siempre tenían a las mujeres como desesperadas que no eran nada sin sus hombres fuertes que cuidasen de su casa.
Ella siempre fue la chica rara, la realista, la que vestía sin intención de ser una calienta-braguetas, escuchaba una música diferente y sin embargo era feliz con ello, pero sin embargo es tan doloroso, sabía que no era aceptada. Sin querer, una lágrima comenzó a caer, pero pronto fue detenida por una uña negra de la chica. La clase aún permanecía totalmente vacía, y dentro de unos minutos empezaría a llenarse un poco. Lo que no sabía es que tras la puerta entrecerrada había un chico que había mirado todo desde el principio y ahora se dirigía hacia su clase con una mueca de preocupación.
Victoria sacó el estuche junto con el archivador, mientras veía como la clase empezaba a llenarse, se quedó en su sitio, al lado de la ventana, evitando el contacto visual y las miradas cargadas de risas y sarcasmos hacia ella.
Las horas se habían pasado demasiado rápidamente, el suceso de tres horas literalmente poco interesantes, era sin dudarlo una chica que sacaba muy buenas notas, pero las clases habían sido un total aburrimiento. La campana del recreo amenazaba con sonar de un momento a otro, hasta que al fin aquel incómodo pitido con retraso sonó, y todos los alumnos salieron precipitados hasta el patio. Mientras, Victoria caminaba lentamente con un bocadillo y un zumo en la mano, buscando un sitio dónde poder estar sola y tranquila. No tardó mucho en encontrar aquello que buscaba se sentó en el hormigón de una esquina, con el mp3 sonando mientras tomaba el segundo desayuno, mientras sonaba una de esas canciones que te oprimen y te obligan a desahogarte. Inevitablemente, las lágrimas cayeron como proyectiles, no podía aguantar más aquella presión, podría intentar sonreír e intentar creerse que no le afectaba, pero no era cierto, cada día sería tan igual, tan doloroso...
Esforzó en evitar que los ojos acabasen enrojecidos y los párpados acabasen con un color algo ennegrecido. Terminó el bocadillo y se dirigió al porche, buscando el servicio incisivamente entre el gran conjunto de adolescentes, hasta entrar. Miró y se decepcionó al ver como un grupito de chicas al fondo se dedicaban a fumar y a cantar algo de flamenco, decidió no mirarlas, no les iba a dar el placer de ver la huella de las lágrimas que habían recorrido su pálida piel para que se aprovechasen de su estado de ánimo, se enjuagó algo el rostro en el sucio lavabo que podrían incluso provocar arcadas.
-¡Eh tú! ¿Qué pretendes viniendo aquí mientras estamos nosotras?
Profirió una de las chicas. Victoria salió cuanto antes, evitando cualquier conflicto con aquel grupo, sabía como sería la pelea, al poco, sonó de nuevo aquel sonido incómodo que se filtraba por los oídos de la alumna, indicando que las tres últimas horas de clase del día comenzaban al acto. Caminó por el pasillo, alumnos de primero y segundo asustados por el aspecto de Victoria y en cambio, los demás alumnos de otros cursos se dedicaban a gritarle insultos ya incluso repetitivos, pero que se ahogaban con la música volviéndose en vocales sin sentido que se desvanecían gracias a la melodía.
Tres horas más, el único acontecimiento destacable había sido que la profesora de ciencias sociales se había percatado de que estaba dibujando, aunque sólo le llamó la atención, todos aprovecharon para hundir algo más su moral, la sonrisa que podría haber esbozado se desdibujaba poco a poco a lo largo del día que cada vez era más eterno. Salió de clase cuanto antes cuando todo el día escolar dio por finalizado, y para su suerte uno de aquellos grupos se divertía peleándose con otro alumno, tristemente, ella no era la única que sufría discriminación en el instituto. Al poco se encontró frente a frente con el chico, que a pesar de que ella no conocía, llevaba desde principio de curso observándola. Observó con desgana al adolescente que la estaba esperando, deseando irse ya a su casa, tenía el pelo corto y castaño y ojos del mismo color, tras haber echado un pequeño vistazo al chico, que al poco se precipitó en hablarle temiendo que la adolescente se fuese:
-¿Te llamas Victoria, no es cierto?
Se sorprendió un poco, no le apetecía mucho realmente tener que mostrarse simpática debido al día que llevaba, y sin embargo decidió contestarle tras la pequeña pausa:
-Si, así es. ¿Qué quieres?
Quizás hubiese sonado antipática, pero no se podía pedir más, a pesar de ello, aquel chico ni siquiera le reprochó su tono, sino que simplemente se dispuso a hablarle, mientras se la llevaba del brazo, pues lo que le iba a decir le llevaría más de unos minutos.

Alex dijo
Buena historia. :D xd
14 Octubre 2006 | 01:13 PM